Cuando la mayoría del gobierno es del
partido del deseo, todos están felices, se enamoran en cada cuadra, cantan y
disfrutan cada instante. Por el contrario, cuando gobierna el partido de la
razón, todos caminan enfilados como si fueran soldados, nadie improvisa, se
pierde la espontaneidad, los artistas mueren de tristeza, los intelectuales de
soledad y de hambre, el pueblo pierde el
poder de expresarse, la palabra el alimento del alma, se debilita, y por último
la libertad muere.
Felices en cambio viven en esta ciudad
los materialistas. Ninguna pieza esta fuera de lugar, todo es posible de controlar.
El azar es derrotado como una ilusión. Esta ciudad se vuelve solitaria. No
engendra ni atrae gente nueva que le de vida y le renueve su sangre y su
espíritu, por temor a peder el control. Vieja y sin luz se muere de poco.
Prohibido esta visitar el lugar más boscoso sensual y placentero de ella, el
sitio que inyecta la vida. Con el paso del tiempo, una vez secos los lagos
dejan de alimentar las fuentes y los campos. Las aves migran y, así pasan los años sin que nadie la seduzca.
No es bueno que gobiernen por separado ambos
partidos, ni por épocas. Lo ideal es que, en cada etapa la ciudad encuentre el
mejor gobierno, que atienda unas veces más a la razón, y en otras a la emoción.
Pero no es fácil decidir lo ideal en cada situación, esto es: Cuándo se debe
vestir con minifaldas y maquillarse de colores pasteles, y cuando vestirse de
gala?; Cuándo debe arreglarse el cabello
donde posan los pájaros, y cuando recogerlo?. Debe poder elegir la mejor ciudad
posible en la que el deseo se cumpla sin que la razón destruya. Un lugar donde el deseo se vuelva
razonable; reine el justo medio, y no se
desborden los ríos ni los mares. Una ciudad que cuide todos los puntos
cardinales. Su vida esta en el centro hacia abajo; desde ahí nacen los obreros,
los magistrados, los maestros, la gente que le entrega su alma. Se ramifica
hacia los costados y hacia abajo. Necesita de
fuertes brazos para levantar el
espíritu y sobrellavar las duras cargas de los momentos difíciles; también de unos pies cuidadosos y unas piernas ágiles
para andar despacio por los caminos complicados, pero que pueden corren ligero cuando es necesario,
además de ser aptos para el baile cuando la ocasión se presente. Perfumada con
una sensual fragancia de estación, conquista adolescentes y ancianos. Ella mantiene en equilibrio las
tensiones, es fuerte cuando necesita del coraje para defenderse de los ataques
externos. Es cálida y suave con cada centímetro de su ser. Acoge en sus brazos
a los desamparados, a los faltos de casa, amor y comida. El sol sonriente ilumina su rostro, y
mediante sus grandes ojos puede ver,
sentir y comprender todo lo que en ella
sucede. Madre, hermana, novia, amiga de
todas las edades y sin edad, alberga nuestra finita existencia delante de
nuestras necesidades, por encima de nuestro destino. Un plan perfecto que se
proyecta desde las estrellas