Hay un vacío que lo atraviesa todo, hasta el arte más
perfeccionista de intentar rodearse de extras para llenarlo. Simplemente,
porque el vacío deja que todo fluya, no retiene nada, siempre te va a acompañar
mientras todo lo demás pasa. Aunque hagas 100 fiestas, tengas 20000
reuniones, 5000 amigos en Facebook,
practiques 10 deportes, te anotes en 100 cursos, tengas la casa llena de gente
siempre. Ese movimiento de estar buscando algo, de estar siempre activo y nunca
parar, es el principio del miedo de encontrarte con vos mismo y no soportarlo.
Ese es el vacío que llevas adentro, el de afuera se ocupa fácil, el otro siempre tiene una gota
de dolor partida en dos. Por eso no insistas en disfrazarlo de mil formas, ni
te esfuerces en tapar los 3600 segundos de cada hora, adentro hay otro reloj
que siempre se para en el mismo lugar.
miércoles, 14 de enero de 2015
Entrada destacada
Locura en gotas de leche
No aceptaba la verdad, porque el vientre es todo. No aceptaba que la encerraron en su cuarto con los miedos del abandono. Luchaba con su...